Thursday, April 15, 2010

Arquitectura


(Nota previa: se supone que un blog debe mantenerse con regularidad. Pero resulta que la vida adulta tiene algunas servidumbres...)

Desde hace unos meses ando liado con un proyecto para un libro de monumentos de la historia de España, en el que me han asignado la provincia de Sevilla. La enjundia de este proyecto (con un catálogo de más de 80 monumentos que fotografiar), junto con la falta crónica de tiempo que padezco, ha significado que la fotografía arquitectónica sea, de un tiempo a esta parte, casi el único tipo de fotografía que practico.


No me importa. La arquitectura es tan apasionante, y fotografiarla me resulta tan grato, que creo que he encontrado por fin mi lugar como fotógrafo. De las bellas artes, la arquitectura siempre me ha subyugado, lo mismo que la pintura, mientras que la escultura no me ha interesado nunca en exceso. La arquitectura crea espacios y es una formidable demostración material de la inteligencia humana, de la pura abstracción. Hay muy pocas cosas que nos definan más, que nos distingan más del resto de animales, que los edificios que construimos (por más que haya algunas otras especies con grandes cualidades en este sentido).

El proyecto de los monumentos me está haciendo fotografiar edificios que ya conocía así como otros que jamás había visitado. Pero, en realidad, estoy haciendo fotos nuevas de la práctica totalidad de ellos, ya que mis imágenes anteriores al uso de las lentes descentrables me parecen ahora espantosamente incorrectas, y ya no soporto la más mínima inclinación en las líneas verticales de los edificios.

Ahora mis fotos son absolutamente deliberadas, no una instantánea casual de alguien que pasa por allí con la cámara en ristre a ver qué encuentra. Cuando voy a visitar un edificio que no conozco, me documento sobre su ubicación y, aparte de los datos prácticos como horarios de visita, etc., me fijo sobre todo en la orientación que tiene, y de ahí decidir la mejor hora del día para fotografiarlo por fuera (no sé qué haríamos ya sin herramientas como Google Maps, por cierto), así como en la propia factura del edificio, ya que unas veces es mucho más interesante el interior y otras veces el exterior.

Casi todo el trabajo lo realizo con dos objetivos: el 17 TS-E (interiores, y exteriores de edificios muy grandes o con poco espacio para alejarse) y el 24 TS-E II (exteriores, principalmente), aunque a veces también uso el 45 TS-E (casi exclusivamente para exteriores). El 17 es un objetivo formidable, imposible de batir dentro de los edificios, aunque en los exteriores puede producir una perspectiva un tanto extraña, debido a su carácter de gran angular extremo. El 24, por su parte, produce una perspectiva bastante más natural, pero a veces no es suficientemente ancho, sobre todo en interiores. Ambas lentes son una absoluta maravilla de la ingeniería de Canon, y producen las imágenes más nítidas y con más detalle fino que he visto en mi vida para sus respectivas distancias focales. Unidas a cualquiera de mis dos cámaras de 21 megapíxeles (Canon 5D II y Canon 1Ds III), los resultados son impresionantes, hasta tal punto de que quiero preparar una exposición con fotos de gran tamaño con aquellas imágenes que más me gusten de este proyecto. Por su parte, el 45 produce una perspectiva prácticamente idéntica a la del ojo humano, por lo que me gusta usarlo si es posible, pero suele resultar una distancia focal demasiado larga para la mayoría de los edificios.

Por último, este proyecto me está permitiendo descubrir algunas maravillas cercanas que, por eso mismo, nunca acababa uno de visitar. Cuando muestro a los amigos imágenes de las iglesias de Santa María (Carmona) o de Santiago (Utrera), quienes no las conocen las ubican en Francia o en cualquier país que asociamos inmediatamente al gran gótico, sin sospechar que esos pilares y esas nervaduras están ahí mismo, al alcance de un paseo de 20 minutos en coche...

3 comments:

Jose Angel Barbero said...

Me quedo con la frase:
"Ahora mis fotos son absolutamente deliberadas"

batanero said...

Las lentes desde luego... y el "ojo ávido" que mira, por supuesto.
Por cierto, en la primera foto pareciera que pillabas a Sta. Teresa levitando, pero no, era un trance fotográfico. Ya me extrañaba a mí que te concediera esa gracia...
Tengo curiosidad por conocer Berlín y su arquitectura socialista y contrastar con el otro lado del muro.

Michaval said...

Me alegro que te guste el proyecto y, sí, te pasa lo mismo que a mí, que en mi propia ciudad estoy descubriendo monumentos que no están en las guías de turismo, como por ejemplo, el retablo barroco del Convento de las Góngoras en Madrid. Otro aspecto, que también mencionas, es la logística necesaria para sacar mejor partido a la luz-momento necesario para fotografiar. Pero, lo que yo ya no había sospechado es, las cualidades negociadoras que hay que desarrollar para lograr que unas monjitas celosas de "sus joyas artísticas" te permitan hacer la foto. En definitiva, este tipo de fotos es algo más que hacer click.
Un abrazo Felipe